Hoy te invito a conocer mi plaza favorita en Montevideo para que la disfrutes tanto como lo hago yo, quiero que conozcas la Plaza Zabala en la hermosa Ciudad Vieja. ¿Tenés ganas de ser un montevideano o una montevideana más? Seguí leyendo para enterarte de su historia y de la leyenda que se cuenta sobre sus rejas.

Historia de la Plaza Zabala.

La Plaza Zabala está ubicada en la Ciudad Vieja, frente al jardín del Museo de Artes Decorativas Palacio Taranco en la calle Circunvalación Durango. Para ser más exacto, podés verla en el mapa acá →

Es un homenaje al fundador de Montevideo, Bruno Mauricio de Zabala. Antiguamente fue el Fuerte Grande de la ciudad, que en 1890 se convirtió en el Jardín de Zabala por obra del paisajista francés Eduardo André.

La pequeña Europa en Montevideo.

En Montevideo y en Buenos Aires no es muy difícil encontrar aires europeos en sus espacios públicos. La Ciudad Vieja de Montevideo es un ejemplo de esto que aunque no esté en óptimas condiciones edilicias mantiene su aire de ciudad europea en América del Sur.

No te olvides que Uruguay se construyó con llegada de personas desde España e Italia principalmente.

La Plaza Zabala tiene un jardín que fácilmente nos recuerda a un parque de París así como también está rodeada de construcciones hermosas como lo son el Palacio Taranco (Museo de Artes Decorativas) y la casa de Alberto Sáenz de Zumarán (Scotiabank). Toda la rotonda donde está la plaza tiene un aire europeo.

Una plaza para encontrar la paz.

Sentarse en uno de los bancos de la hermosa plaza para ver pasar la vida por delante te llenará el espíritu de paz. Esa paz de sentirte con comodidad, de sentirte seguro y por sobre todas las cosas de sentirte vivo.

De lunes a viernes al mediodía es normal ver almorzando a muchas de las personas que trabajan en las oficinas cercanas, mientras que los fines de semana te encontrarás con quienes vivimos cerca de la plaza.

No hay nada más lindo que ir a leer o almorzar en la Plaza Zabala. La Plaza Zabala es un espacio de convivencia que cuenta con bancos, juegos infantiles, bicicletero y aparatos para realizar ejercicio físico. Además, está permitido instalarse en el pasto por lo que es muy común ver personas haciendo pícnic.

Si bien en Montevideo todas las plazas son para todas las personas, en la Zabala vas a ver una verdadera integración y convivencia de personas con diferentes historias de vida.

La historia de la reja de la Plaza Zabala.

La reja de la plaza tiene forma fálica: pene y testículos. ¿Te diste cuenta? Mirala bien, aunque sabiendo que después de que la veas de esa forma no podrás dejar de hacerlo.

La forma fálica de la verja de la Plaza Zabala fue realizada intencionalmente de esa forma por el arquitecto que la diseñó, como respuesta al engaño que se le hizo.

Te cuento la historia. El francés Eduardo André llegó a Uruguay para realizar una Plaza de alto presupuesto, tal como se le había indicado que existía. Pero la realidad era otra, el gran presupuesto era mentira y por lo tanto sus ideas tuvieron que ser adaptadas a la situación económica del momento.

La plaza que iba a tener verjas tal como las tenían las plazas inglesas de la época, con detalles elegantes, terminó teniendo forma de pene y testículos. La venganza del arquitecto.

Rejas de Plaza Zabala.

¿No lo creés? La historia me llegó hace muchos años por un guía del Palacio Taranco, aunque también hay un relato ficcional del escritor Carlos Martínez Moreno que fue publicado en la Revista Nacional de Diciembre de 1986. Además, tal como podrás ver en los comentarios la historia se ha contado a lo largo de las generaciones.

También he escuchado en los Free Walking Tour por Ciudad Vieja que se cuenta esta historia, aunque de una forma exagerada. Se cuenta que en Montevideo todas las personas la reconocemos como La plaza de los penes que en realidad no es tan así, solo la conocemos de esa forma quienes por algún motivo sabemos la historia.

Podés descargar la Revista Nacional de Diciembre de 1986, del Ministerio de Educación y Cultura, donde en la página 67 se incluye la obra Recuerdos, provocaciones, emplazamientos, nostalgias del escritor Carlos Martínez Moreno.

Descargar revista →

📷 Tu visita a la Plaza Zabala es un buen momento para tomarte fotografías en un escenario muy europeo en Montevideo. El Monumento a Zabala es a lo que generalmente todos los turistas le toman fotografías, pero te recomiendo buscar otros paisajes. Los edificios que la rodean o simplemente uno de los bancos pueden ser una buena opción.

3 COMENTARIOS

  1. http://www.periodicas.edu.uy/o/Revista_Nacional/pdfs/Revista_Nacional_n236_dic_1986.pdf
    “Recuerdos, provocaciones, emplazamientos, nostalgias” – Carlos Martínez Moreno, novela inconclusa.
    pág. 69
    Lo que narraba del forjador francés, allí muy cerca, podía verse e
    imaginarse y expresarse, pero era la historia inmaterial, casi legendaria,
    de otra burla y de otro sarcasmo; y este cuento era más viejo
    que el del organillo alemán, lucía inmóvil y circundaba la Plaza Zabala,
    cerraba el recinto y lo volvía más íntimo y recoleto pero, decía
    Emilio al rememorar una historia más vieja que él mismo, lo hacía
    vengativamente obsceno. El forjador había cruzado los mares del siglo
    XIX con la promesa de construir una verja artfstica y hermosa,
    como se lo habían propuesto, pautada a trechos por columnitas y faroles,
    un aro beatífico que iba a llenarse de faroles a gas y de palomas,
    los faroles que pasarían a encender cada noche con un hisopo
    los serenos y las palomas que volaban desde las techumbres del Palacio
    Taranco y picoteaban en los canteros y en los circulitos de tierra
    al pie de los árboles y en la grava de 1;1 plaza, bebían en los bordes d.e
    las flIentes y en los charcos de la lluvia. Había cruzado los mares del
    siglo XIX desde Francia y había llegado a Montevideo con el diseño
    de sus rejas ornamentadas de blasones y volutas, y entonces le habían
    dicho que había mucho menos dinero disponible que el previsto
    y tratado. La réplica del franchute, había dicho Emilio, consistió en
    sostener que a menor presupuesto de herrería y de arte era necesario
    modificar el dibujo de la verja. Y lo había hecho y había pergeñado
    una serie de falos erguidos sobre una base de dos testículos por verga
    y los montevideanos, en un primer momento, no habían sabido verlo
    en su malicia ofensiva y cuando por fin lo habían advertido era ya
    irreparablemente tarde. Y la plaza más hermosa de la Ciudad Vieja
    y de toda la ciudad había quedado cercada por un cinturón fálico
    que proclamaba el desquite insolente del francés defraudado en sus
    expectativas o promesas de más dinero; su venganza, la que no era
    posible que los serenos del encendido del alumbrado a gas encendiesen,
    estaba allí y era la verja fálica de la Plaza Zabala, la vergálica
    de la Plaza Zabala, la vergafábrica de la Plaza Zabala, y hasta el
    amor y el zureo de las torcazas tenían un rumor entre erótico y burlón,
    asumían una burla mucho peor que la parodia del organillo alemán
    por la armónica infantil; pero nadie podría arrojarle piedras,
    porque las palomas eran inocentes y el forjador francés ya había
    cobrado su trabajo y regresado por los mares a Francia. De cómo
    una ciudad paga el precio de su pobreza con la leyenda de su impudor;
    una leyenda, acaso nada más que una leyenda, decía el Emilio,
    pero los falos están ahí, apoyado cada uno en su par de testículos y
    erecto y todos en fila dando la vuelta a la plaza y apuntando al cielo;
    y una vez que te han contado la historia y los has visto como falos ya
    no podrás verlos de otro modo. Miralos y decime si no es cierto. Leonel
    tenía catorce años, ya empezaba a sufrir sus propias, incómodas
    y primeras erecciones. Los miraba: era cierto.

  2. Debe ser verídica la historia. La escuché de mi padre hace muchos años (muchos antes de 1986 – por lo que quizás haya alguna publicación más antigua, o quizás se haya transmitido de boca en boca durante generaciones).

    También me llevó a la Plaza cuando yo era adolescente para verla in situ, donde me mostró un detalle interesante que parece reafirmar la historia. Los barrotes verticales centrales (que dividen el falo en dos) fueron oportunamente cortados en su parte superior, como forma de evitar el parecido con el corte de la abertura uretral o meato. Si se mira al detalle, se puede comprobar que los cortes fueron hechos de forma descuidada por lo cual los largos de las puntas que sobresalen dentro del semicírculo superior son de diferente altura y sus ángulos de corte desparejos.

    • Muchas gracias Jorge,

      Voy a actualizar la publicación para incluir el artículo, ya que me parece súper valioso. Si bien no deja de ser ficción, creo que aporta muchísimo.

      En especial lo que más aporta es que confirmes que es una historia que se viene contando desde hace mucho tiempo, creo que eso es lo que le da más validez al asunto.

      Soy ignorante en este tipo de temas, por lo que jamás había notado el detalle que compartiste sobre los barrotes.

      ¡Muchas gracias!

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